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#28 – 8 aprendizajes como emprendedor tecnológico viviendo en el campo

Llevo 6 meses viviendo en el campo y creando proyectos desde acá. Desde la ciudad ideamos Consultok pero gran parte de su implementación y la de Quask la hicimos cuando yo estaba instalado en medio de la Patagonia chilena. Tuvimos una hija, mi perro casero se ha vuelto de a poco un perro campesino y hasta construimos una huerta.

Vivir en el campo es muy distinto a vivir en una gran capital (lee por qué nos vinimos acá) y tiene cosas muy buenas y algunas no tanto. Pero sobre todo tiene muchos nuevos aprendizajes que te comparto. Quizás te animes a vivir una aventura como esta ahora que muchas empresas están implementando el trabajo remoto.

1.- Uno puede volver a ser un principiante y disfrutarlo (y conocer mentores)

Llega un momento en la vida laboral (y personal) en que uno se siente competente. Pueden salir las cosas mejor o peor, pero sabes navegar ciertos mares con relativa soltura y entras en una zona de confort. Aprender cosas nuevas en cambio te lleva a un lugar de incertidumbre muy placentero. Investigar, descubrir, experimentar, equivocarse y aprender. Y sobre todo, buscar a personas que saben mucho y que están dispuestos a enseñarte.

Patricio es un experimentado en creación de huertas y conoce la tierra como pocos. Sabe sobre cada planta o árbol y con su pasión motiva a comer verduras frescas y a cuidar la naturaleza. El y sus hijos nos salvaron de un error tras otro que estábamos cometiendo al hacer nuestras huertas con cursos online o tutoriales de Youtube. No hay como el aprendizaje de un mentor que ha pasado por lo que tu pasaste, que conoce las características específicas de un lugar, que es un apasionado por lo que sabe y un generoso para compartirlo. El Huerto El Laurel es uno de nuestros lugares favoritos en el sur de Chile (visítenlo si vienen por esta zona…acá más info) y poco a poco hemos ido generando el músculo de un aprendizaje nuevo. Y como este, muchos más.

2.- No dejes que nadie te diga que eres malo para algo

En algún momento de la vida, quizás en nuestra educación, empezamos a destacar en ciertas áreas y a ser del montón en otras. Se nos premia por nuestro talento en algunas cosas y se nos desincentivan otras. Y si bien siempre he sido un defensor de que uno juegue “el deporte” donde es el mejor para obtener los mejores resultados, hay ciertas cosas que dejamos de darle oportunidades por creer que no somos buenos.

En mi vida he sido de los que con suerte cambiaba una ampolleta en mi casa y siempre fui del montón si había que tomar un martillo o un serrucho. Si había que armar un mueble en la casa, siempre me quedaba chueco o me sobraban piezas. Empecé a descartar ese espacio y no lo entrené más. Si había que construir algo, yo prefería escribir, dibujar, leer, emprender, vender y hacer deporte. No construir.

En el campo tuve que hacer cosas por obligación en ese sentido y sin darme cuenta, empecé a disfrutarlo y a mejorar. Construir con las manos es algo muy especial y al parecer había un lugar en mi que estaba apagado y que al prenderlo empecé a encontrar un estado de “flow” y placer insuperable. Leí, me compré herramientas y empecé a hacer cosas que jamás pensé que sería capaz. En realidad, ni siquiera pensé en eso. Hoy he descubierto un nuevo espacio en el que aún soy un principiante, pero cada día soy un poco mejor. Y si comparativamente no soy el mejor, no impide que pueda construir cosas para mi hija o mi casa.

3.- Estamos totalmente alejados de la naturaleza en el día a día

En la ciudad las calles se inundan cuando llueve. No te enteras cuando hay luna nueva o luna llena y hace siglos te olvidaste que el cielo se llenaba de estrellas. También creemos que las manzanas se sacan de las cajas de supermercado y la carne se crea del aire. Y no sabemos la diferencia de los árboles, las aves o lo difícil que puede ser una batalla contra la maleza (mala hierba).

Las calles se inundan por que solo hay cemento, una luna llena o nueva puede hacer que una noche sea clara u oscura y en el cielo pueden haber tantas estrellas que te puede hipnotizar. Las manzanas pueden salir de un árbol que tú plantes y si quieres comer carne, alguien debe matar un animal para que lo hagas. Y sobre todo, es hermoso poder nombrar cosas que no sabías. Escuchar chucaos al despertar o saber como se llama ese árbol que tienes frente a tu casa. La naturaleza está ahí respirando y sufriendo. Y desde la ciudad muchas veces ni siquiera pensamos en ella. No hay placer más estimulante que conocer sus ritmos.

4.- Internet es la mejor herramienta para acortar distancias con el mundo

Una de las cosas que da miedo de vivir en el campo, es creer que te vas a desconectar de todo y de todos. Que vivir en una zona rural te aleja de las grandes decisiones o tendencias.

Internet es una herramienta insuperable para contradecir eso. Uno puede tener una reunión con un emprendedor en Alemania o ser empleado de WordPress (Automattic). Puedes crear contenido digital o armar una startup tecnológica. Puedes ser parte de una comunidad en redes sociales o tener un perfil digital en Quask. 

Internet es como teletransportarse a cualquier parte del mundo apretando un par de teclas. Y si todavía crees que estás lejos de donde las cosas pasan, siempre es bueno recordar que Santiago de Chile no es Shanghai, Lima no es Silicon Valley o Bogotá no es Londres. Si de verdad eso es lo que te asusta, anda a vivir a alguno de esos polos. Mientras tanto, vivir en el campo con una buena conexión a internet, no tiene tantas diferencias.

5.- “Quien se apura pierde su tiempo”

Una de las frases célebres de la Patagonia es una de las cosas que más me ha costado entender. Soy un poco obsesivo por hacer que las cosas pasen, que se cumplan los plazos o empujar para acelerarlos. Quizás la herencia alemana o mi rol como emprendedor.

Pero nada de eso tiene tanto sentido en el campo. Las cosas ocurren cuando tienen que ocurrir. Por supuesto que hay que intencionarlas, pero muchas cosas requieren maduración y tiempo de cocción. Paciencia y fuego lento.

No es que la gente en el campo no trabaje duro (¿saben lo que es levantarse todos los días a las 4 de la mañana a ordeñar vacas?), lo que pasa es que entienden que si es noviembre, no puedes plantar un ajo por que no va a sobrevivir. Debes esperar el momento correcto. O que ciertas flores aparecen en septiembre y no en mayo. Los ritmos orgánicos ellos los entienden mucho mejor. 

Y ¿saben qué? Hay algo muy saludable y hermoso al aceptarlo. Y que hay momentos y momentos. Cuando hay que cosechar frambuesas no puedes esperar por que estás cansado. O cosechas o las pierdes. Cuando es el momento, hay que apretar con tanta fuerza y empuje, como nunca antes lo hiciste. Y en el campo siempre hay algo por lo que apretar con todas las fuerzas. No es que haya que esperar siempre, es que cada cosa tiene su momento y hay que esperar esas ventanas de oportunidad.

6.- Aprendí a escuchar más y a hablar menos (ok, igual hablo…)

Cada lugar tiene sus propios códigos. Los viajeros lo aprendemos viajando (puedes leer por que creo que los viajeros son mejores profesionales acá) y en el campo esto se exacerba. 

Llevaba pocos días acá cuando participé en una reunión con todos los vecinos de mi zona. Yo era el nuevo y pensé que sería como el “chiche”. Traté de sociabilizar, que me conocieran o contarles por que me había venido. Pero eso no les interesaba mucho (o tal vez si, pero solo me lo preguntarían algunos después). Ellos no querían escuchar esa historia. Querían hablar del camino que había que arreglar, de las nuevas máquinas para cosechar papas o de donde comprar algunos animales.

A los pocos minutos me callé y empecé a entender las dinámicas, los silencios y los ritmos. Cometí un error al intentar adaptarme como lo haría al llegar a una ciudad o a un evento de trabajo. Acá se hace distinto y me encantó aprenderlo en el camino. Me encantó construir relaciones con mis vecinos. Me encanta que me conozcan en las tiendas del pueblo y sepan que me adapto y respeto y no que trato de imponer nada. Escuchar casi siempre será mejor que hablar.

8.- Debes resolver cosas que antes delegabas

¿Ir al supermercado? Ni soñándo. Para eso está Cornershop. ¿Arreglar el lavaplatos? Mejor llamo a un gasfiter. ¿Hacer trámites? Mejor pagar para que lo hagan por ti.

Cuando esas herramientas no están, hay cosas que debes hacer con tus manos o por tu cuenta (o también crear las herramientas adaptadas a ciertos lugares…lo siento, sigo siendo emprendedor). Pero el hacerlas te enseña cosas nuevas y te conecta con personas que no conocías. No todo es comodidad. 

Algunas veces la magia ocurre cuando te aburres de esperar en una fila y empiezas a pensar en cosas nuevas. Cuando debes arreglar algo y aprender a hacerlo creando un nuevo aprendizaje. El campo te obliga por que aún no han llegado muchas cosas que están en las grandes ciudades. Y eso solo es una fuente de creatividad.

¿Vivirías en el campo?

POST QUE SE ENMARCA EN EXPERIMENTO DE 50 DÍAS

Este artículo se enmarca dentro de un experimento de 50 días que busca implementar un pequeño life hack de mejoras marginales en el cuál escribiré 50 artículos, haré 5.000 abdominales y leeré 1.000 páginas de un libro en otro idioma. Puedes ver los detalles aquí.

Pequeñas conclusiones

1.- En escribir este micro post me demoré 60 minutos incluyendo la carga, encontrar las fotos y todo lo necesario.

2.- En hacer 100 abdominales me demoré un poco menos de 3 minutos en 5 series de 20 y algunos segundos de descanso entre cada una.

3.- 21 minutos leyendo 20 páginas del libro “Tiny Habits“ de BJ Fogg.

TOTAL: 1 hora 24 minutos – 28/50 (56%) del desafío completo.

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