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#16 – Detox de información y redes sociales

No, quizás no es lo que estás pensando. No borré todas mis redes sociales, ni tampoco dejé de leer las noticias. Tampoco corté la cuenta de internet. Soy nómade digital y lo necesito para trabajar (revisa quién soy acá). Lo que si hice, fue modificar la forma en que consumo contenido para convertirlo en una herramienta para perseguir mis objetivos, y no una fuente de negatividad en torno a las malas noticias.

En un artículo anterior hablé de la importancia de diseñar tu contexto para lograr el éxito (puedes leer el artículo acá). En esta ocasión vengo a contarte como diseñé mis interacciones con el contenido como un modo de mantenerme “lúcido” ante la explosión de agresividad en redes sociales, y sobre todo, ante el exceso de información existente en la web.

La bomba atómica exploto en Twitter

El 18 de octubre en Chile hubo un estallido social que generó un terremoto en redes sociales. Si hasta antes de eso, la política siempre se llevaba gran parte de los trending topics (junto con el futbol), ahora eso se exacerbó como nunca, pero con un componente de polarización que cambiaba el tenor de las conversaciones que se generaban hasta entonces.

Me encanta la política. Así como los negocios, creo que es un vehículo para construir una mejor sociedad. Pero sin darme cuenta, ese interés se empezó a convertir en agobio. Antes de todo esto, Twitter permitía romper las barreras para interactuar con quienes tomaban las grandes decisiones y conocer sus visiones y lados más íntimos. Pero desde el estallido, la plataforma empezó a convertirse en un lugar de amenazas, agresividad y polarización.

Siempre he valorado Twitter como una de las herramientas más disruptivas y valiosas. De hecho Evan Williams, uno de sus fundadores, es uno de mis grandes referentes por su visión de democratizar las noticias e información, y que cada persona pudiera ser la fuente de esas noticias (actualmente es el fundador también de Medium y previamente lo había sido de Blogger). 

Cuando uno se rodea de haters y de una comunicación coaptada por la agresividad, sin darte cuenta empiezas a ver a tu alrededor gente que se vuelve menos proactiva y mucho más pesimista y negativa. 

Hace tiempo Facebook hizo unos experimentos para validar cuanto impactaba en tu estado de ánimo las publicaciones que veías en redes sociales, y validó el fuerte impacto positivo o negativo de esto  (el estudio fue prohibido por considerarse una forma de manipulación). 

Era cosa de tiempo entonces que las personas se vieran afectadas en su salud mental por el ya difícil contexto del estallido y la pandemia, más esta comunicación agresiva y anónima muchas veces (sobre la salud mental de los emprendedores).

Sin tv, mi primera medida

Mucho antes de el estallido y la pandemia en nuestra familia partimos por dejar de ver noticias. El 50% del contenido era sobre delitos y portonazos y el otro 50% era sobre deporte (me encanta por cierto). Pero usar una hora de mi tiempo o más en ver eso, no era eficiente ni valioso desde ningún punto de vista.

Lo cubrimos con internet. Más diversidad de fuentes, autogestión del valor que percibía y con focos de interés diversos. La misma hora de consumo de noticias, empezó a convertirse en nuevos aprendizajes con noticias económicas, de innovación, de medio ambiente, de viajes. Noticias sobre países a los que admiro y toda la contingencia que por supuesto debía estar al tanto. Y sobre todo por que si había algo de la contingencia que fuera muy importante o interesante, podía profundizarlo mucho más que viéndolo 5 veces en distintos canales. Diciendo lo mismo.

Al poco tiempo de esto, nos dimos cuenta que casi no veíamos tele. La dimos de baja. Si queríamos ocio usábamos Netflix. Si queríamos deporte, contraté CDF en mi Ipad. Y si queríamos algún programa interesante, siempre podíamos encontrarlo en la web. Y sin comerciales. Gran decisión que nos liberó tiempo y aumentó el valor mejorando el “estado de ánimo”.

El filtro Twitter (y del resto de las plataformas)

Si es que la gran virtud de Twitter era que todos podían ser la fuente de una noticia o información y eso aportaba valor al descentralizar el contenido, también yo podía diseñar un contexto de valor para invisibilizar ciertos creadores de contenido y potenciar a aquellos que más valor aportaban.

Las opiniones diferentes son valiosas y eso no fue un filtro. No buscaba gente que pensara como yo, si no que personas que aportaran contenido de valor y cuidaran la forma para emitirla. Sin darme cuenta, al trabajar en mi base de “seguidos” construí un grupo variopinto de diferentes partes del mundo, y sobre todas las temáticas que me interesan y que empezaron a modificar profundamente mi timeline.

Empecé a seguir por valor en vez de popularidad. Y trajo muchas ventajas como ocurrió cuando dejamos el televisor.

Los algoritmos de relevancia y las redes sociales

Si no has visto Social Dilemma en Netflix, te invito a verla. Si no la has visto, puedes igualmente entender que el negocio de las redes sociales es que pases la mayor cantidad de tiempo posible navegando en ellas. Cada “scroll down” en Instagram es un espacio para ponerte un anuncio por el que esas plataformas generan ingresos.

Para que pases la mayor cantidad de tiempo posible generando oportunidades de negocio a Facebook, Twitter o Google, han generado algoritmos de relevancia sobre las cosas que te hacen volver una y otra vez, Y que cada vez que vuelvas, consumas el contenido que más tiempo te deja en la plataforma. Independiente de si lo que consumes te aporta valor o no. El incentivo para ellos es otro. 

Bajo esa lógica, cada uno debiera consturir su propio algoritmo de relevancia con las cosas que nos hacen bien. Con nuestro propio incentivo “hackear” el uso que le damos a las redes sociales. No con las que nos hacen adictos, si no que con las cosas que nos hacen bien.

En mi caso ha tenido buenos resultado. ¿Tú lo has intentado?

POST QUE SE ENMARCA EN EXPERIMENTO DE 50 DÍAS

Este artículo se enmarca dentro de un experimento de 50 días que busca implementar un pequeño life hack de mejoras marginales en el cuál escribiré 50 artículos, haré 5.000 abdominales y leeré 1.000 páginas de un libro en otro idioma. Puedes ver los detalles aquí.

Pequeñas conclusiones

1.- En escribir este micro post me demoré 42 minutos incluyendo la carga, encontrar las fotos y todo lo necesario.

2.- En hacer 100 abdominales me demoré un poco menos de 3 minutos en 5 series de 20 y algunos segundos de descanso entre cada una.

3.- 19 minutos leyendo 20 páginas del libro “No Filter: the inside story of Instagram”. (Me falta poco para terminar)

TOTAL: 1 hora 4 minutos – 16/50 (32%) del desafío completo.

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